Discuro Rector
Homenaje a Luis Cordero
Autoridades de la Universidad, señores académicos, señores administrativos, queridos alumnos, distinguidos invitados,
Muy estimado Lucho:
Las obras humanas, fundamentalmente las obras que se construyen modelando la arcilla de los seres humanos, son lo único significativo, además del recuerdo, que queda del tránsito por las diferentes actividades e instituciones, que van conformando la estela de la vida productiva de un hombre.
Sabemos que el ingeniero construye, el médico sana, el abogado litiga. Todo ello es muy importante, pero ninguno de esos actos constructivos se puede efectuar, si no existe previamente, el ingeniero, el médico o el abogado; y es que éstos son producto de la educación.
Desde este punto de vista, no hay tarea más importante que la de crear conocimiento y saber, o dicho de otra forma, generar capital social de la máxima calidad.
Esta idea basal impulsó a Lucho, a quien hoy queremos reconocer, distinguir y agradecer por los resultados de su nítida visión, más allá de la inmediatez, más allá de lo que resulta o no conveniente, por haberse jugado por entero y haber dedicado la etapa más productiva de su vida a la construcción de una Universidad, como testimonio de su aporte a la tarea, inmensa por cierto, de lograr que el saber llegara, no sólo a una elite, sino que se prodigara a la máxima cantidad de jóvenes, que año tras año renuevan la savia con la que se nutre la sociedad.
Quizá hoy, cuando ya conocemos y ya nos hemos acostumbrado a considerar parte de nuestra realidad, los frutos que han dado las grandes universidades privadas, pueda no asombrarnos la audacia de intentar transformar un paradigma de “universidad para las elites” en un paradigma de “universidad para todos los que puedan aprender en ellas”.
Esta fue la visión que movió, encantó, y a la cual Luís Cordero dedicó lo mejor de sí: la de multitudes de niños entrando por las puertas de las universidades poco antes de cumplir la veintena de años, y la de similares multitudes saliendo unos años después, con mayor madurez, dispuestos y listos para iniciar sus propias construcciones de mundo, con igual energía y por sobre todo con más saber, lo que significa más libertad, en el más profundo de los sentidos que esta palabra tiene.
No en vano aún resuenan, después de dos mil años, las palabras de Jesús “La verdad os hará libres” que narra el evangelista Juan, y es que la verdad es conocimiento, y es gratitud a Dios. Propiciar y propagar el conocimiento, es por cierto, buscar la libertad de otros.
La idea de otorgar libertad sobre la base del conocimiento, de acercar la posibilidad de acceder al conocimiento, que otrora era reserva de una elite, es una poderosa idea motora de actos, que modifican dramáticamente las posibilidades de vida, no sólo de las personas que llegan a la Universidad, sino que implica un cambio trascendental en toda la sociedad.
Cambio que tiene muchas vertientes, algunas de las cuales quizá no agraden a todos, pero que sin lugar a dudas, hace que nuestro país sea más justo y más equilibrado, al tiempo que nuestra sociedad se transforma en más permeable, menos estratificada y con muchas más posibilidades de progreso económico, social y cultural. En síntesis, se transforma en una sociedad más humana, en el más lato significado de esta palabra.
Pero, para Lucho no se trató solo de una visión, en el sentido de una vaga idea, se trató de una visión poderosa, que movió su voluntad e inteligencia, para obtener el resultado que hoy vemos trasformado en palpable realidad. ¿Quién de nosotros podría negar que la visión y pasión de Lucho, ha sido uno de los más poderosos motores que han impulsado el desafío monumental de consolidar, en menos de veinte años, una universidad del tamaño de la nuestra? Recordemos que la UNAB tiene, hoy, más alumnos que los que tenía todo el sistema universitario nacional hace tan solo unas pocas decenas de años.
Pero Lucho es más que su obra en la Universidad, en él se conjuga un hombre, que ya en una época muy temprana de su vida optó por el servicio público, no desde el sitial preferente del líder visible, sino desde el lugar de mayor sacrificio, pero más importante, de quien genera las grandes ideas, y también la forma de consolidarlas, sin buscar el falso oropel del reconocimiento público.
En efecto, durante su juventud y época de estudiante universitario, se movió entre la Educación y el Derecho, en una etapa de nuestra historia convulsionada y en franca desintegración social. Es en esa época y en el silencio de sus pensamientos, que comienza a germinar su idea de más universidad para más personas.
Idea, que por cierto era revolucionaria hace más de tres décadas atrás:
En rigor, la idea de “Dar una oportunidad de estudio a quien de otra forma no la habría tenido” era mucho más que revolucionaria. Era realmente, evolutiva.
Y es que el conocimiento y el saber han sido, desde siempre, sus grandes amigos. Su erudición abarca campos tan amplios como la historia, filosofía, teología y literatura, además de su sabiduría en el ámbito de la música y en general de las artes.
En Luís, reconocemos al humanista que transforma sus ideales humanos en construcciones concretas, y también al luchador, para el que nunca nada es tan importante, como para no detenerse a ayudar a otro ser humano en conflicto o en necesidad de apoyo.
Lo anterior no sólo se manifiesta en la construcción de la Universidad. Durante años, muchas e intensas horas, dedicó Lucho a buscar soluciones para evitar, a toda costa, que ningún buen alumno perdiera, por problemas de dinero, su oportunidad de aprender en la universidad.
Muchas gracias Lucho por tu intuición, tu visión de largo plazo que ve oportunidades donde otros sólo ven problemas, visión que por cierto muchas veces, a los más cortos de vista, nos causó zozobra.
Gracias por tu entrega personal a la causa de la Universidad, por tu talento y coraje para luchar por tus ideas.
Es la Universidad, la que por sí misma, habla de tu obra.
Me he referido a la faceta del constructor de sociedades, y no he mencionado las muchas otras acciones que tienen que ver, precisamente con lo social, que siempre han colmado el pensamiento y la acción de Lucho: Su activa participación en las más diversas tareas que le fue necesario afrontar, en distintas instituciones públicas y privadas en las que ha trabajado, y no me cabe duda, seguirá haciéndolo, y en las cuales, sobradamente sabemos, la impronta de su huella marcará rumbos e hitos imaginativos, novedosos, audaces, y por sobre todo sólidos y reales.
Esta capacidad de hacer y de lograr, por cierto que está relacionada con su don de encantar a las personas en los proyectos que aborda. Es más, reconozco ser una más de sus víctimas. Recuerdo, en lo que ya parece un día muy lejano, cuando me invita a participar en el proyecto Universidad Andrés Bello.
Y no cabe duda, que el hecho que hoy, yo esté en este podio, es fruto de esa capacidad de liderazgo vital, que hace que los demás asumamos como propios, los proyectos a los que Lucho nos convoca.
Es mucho más lo que podría decir de Luis Cordero, pero, quien lo conoce, sabe que sus profundidades y alturas son inmensas, y quien no lo conoce, no lo hará por mis palabras, por lo que me limitaré, para terminar, referirme a lo que significa este momento, este instante…
Hoy, Lucho, consecuente con su rol de creador y constructor de proyectos enormes, deja que esta hija de sus pensamientos y acciones, la Universidad – que ya alcanzó mayoría de edad – vuele sola.
Es la epifanía del acto constructivo, el instante de desanudar toda atadura y contemplar con mirada satisfecha y nostálgica como lo creado, toma vida propia, diferente de aquella que se le imbuyó…
Lucho, en nombre de esta Universidad que concebiste: ¡Gracias, muchas gracias!











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